Que me acostumbré a tus huidas, a tus vivir a medias y a tus poemas de buenas noches, como si de verdad fuera algo a lo que debía acostumbrarme.

Como si yo no tuviera ganas de huir contigo, si qué más da si al final lo único que hay son precipicios. Pero es bonito. Sólo si es contigo.

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