Lo admito. Tenía miedo de amar.
Pero no sólo de amar, sino amarla a ella.

Ella era un increíble misterio. Llevaba cosas
en su interior que nadie aún entendía,
y yo, tenía miedo de fallar,
como los demás.

Ella era un océano
y yo sólo una escritora con ojeras de galaxia que amaba las olas.
Sin embargo siempre he tenido un enorme miedo a nadar.

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