Acompañar a alguien puede significar tanto. Acompañarle aunque el tiempo no pase y el insomnio se haga tu mejor captor. Acompañarle en la gloria, en la desdicha y sobre todo en los momentos desapercibidos. Acompañarle significa quererle incluso en lo insoportable, amarle como si no hubiese foco, pensarle, admirarle y socorrerle. Acompañarle significa, una y mil veces, complicar, desarmar y atar al otro, en un círculo de escaleras infinitas; pues cada huella es mucho más satisfactoria si se le tiene a él. ¿Ustedes entienden? La compañía se transforma en nuestro cómplice perpetuo.

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