No la lloro y presiento que es una mala señal, que las lágrimas se acumularán vertiginosamente escondiéndose en alguna parte de mi cuerpo, tal vez en el codo o en el dedo pequeño del pie.

Tal vez en la mitad de un recuerdo o en la parte de arriba de la suma de todos mis dolores.Quizás un día, cuando me golpee el codo con una puerta o cuando mi dedo pequeño del pie se reviente contra la esquina de la cama, lloraré como si no hubiera un mañana. Me tiraré al suelo a llorarla por fin, sin poder levantarme durante una hora, dos horas, cinco horas y media.

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